La laguna Setúbal tiene poca agua. El nuevo descenso del río Paraná, su principal afluente, deja a la vista los grandes manchones de limos y arcillas del suelo lagunar. Pasó fugaz el repunte del verano anterior. El escenario ahora es similar al de la época de la pandemia. Con la bajante volvieron ellos los flamencos rosados.

































