Como todos los días, Don Leónidas, comenzaba su jornada. Pero ese día fue diferente, la gente se agolpaba en el puerto a ver la huella del pasado. Niños y niñas que iban al colegio, comerciantes que abrían sus negocios, trabajadores y trabajadoras que se detuvieron sorprendidos y con sed de saber qué hacía ese barco hundido allí. La emoción de Don Leónidas fue inmediata y dijo a un periodista del diario El Litoral que estaba en aquel lugar para contar lo sucedido: “Lo recuerdo muy bien, porque esas cosas no se olvidan así nomás. Fueron seis noches en un verano, hace 50 años, que las llamas consumieron a este viejo velero alemán”. De esta manera, quedó manifiesto un estrecho vínculo entre la experiencia vivida y la narración de los hechos.