Las hubo de tiento, de cuero. Ahora los materiales son más dinámicos, asociados al plástico. Miles de millones de pelotas ruedan a lo largo y a lo ancho del mundo en busca de alegrar el corazón de niños, jóvenes y adultos. Los potreros que quedan, los parques, alguna cancha de F5 o el patio de casa, cualquier lugar es válido. La peor noticia es cuando ese preciado balón se rompe o se pincha. Frente a la desesperación que ello implica, existen profesionales, unos verdaderos cirujanos, que “reviven” el valioso objeto que le da vida al deporte. El Litoral entrevistó a Jorge Varela, titular del tradicional taller ubicado en barrio Candioti.





































