"¿Miedo?, no", asegura Fiorilli. "Es la única vacuna que llega a tiempo para poder protegernos de la segunda ola a todos los intensivistas", agrega convencido este médico que en septiembre tuvo coronavirus, con síntomas leves, junto a su mujer y sus tres hijos. En coincidencia con el inicio de la campaña nacional, el martes 29 de diciembre, a las 9 de la mañana, se aplicó la vacuna en el hospital Centenario de Rosario. Minutos después, en Santa Fe, María Martha Filippi la recibió en el Cullen. Ella tuvo la suerte de no enfermarse, pero sí su marido que también es médico y tiene algunos factores de riesgo: "Mi mayor preocupación son las personas grandes, los que tienen más de 70 son los que más están sufriendo las formas graves", cuenta. Es que "yo veo la parte más fea del Covid, es decir, la parte de los pacientes que se mueren, las complicaciones respiratorias graves, cómo destroza los pulmones rápidamente; y eso no es lo que ve la mayoría de la gente, que es un poco de dolor de garganta, fiebre y se cura". Por eso, siempre estuvo convencida de que se iba a colocar la vacuna, ni se planteó con cuál. "Todas están en la misma etapa de elaboración con una enfermedad que lleva un año, son todas similares".