-En paralelo a esa pérdida de poder, existía un fuerte cuestionamiento ideológico. La Iglesia había construido un relato basado en una alianza estrecha con el Estado, que era una monarquía absoluta de origen divino. A medida que la modernidad va minando ese Estado y va construyendo sociedades democráticas, y las monarquías pasan a ser parlamentarias, la Iglesia se comienza a desorientar. Existen gran cantidad de encíclicas y documentos eclesiales que muestran este proceso, cuando la Iglesia todavía defiende el origen divino del poder, algo que hoy es anacrónico. Recién a fines del siglo IXX aparecen algunos signos de modernidad cuando la Iglesia detecta que ha quedado afuera de la realidad política, histórica y cultural, y comienza a generar algunos documentos rectificatorios. El primer Concilio Ecuménico, por ejemplo, fue muy conservador, al punto que declaró que las ideas del Papa eran infalibles; a diferencia del segundo, que fue transformador.