Hay instituciones que además de albergar obras de enorme peso histórico y simbólico, construyen una forma de "mirar" el mundo. El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) puede darse el lujo de decir que está en esa lista.
El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires presentó la programación correspondiente a 2026. La agenda combina una nueva lectura de su colección permanente con grandes exposiciones internacionales. Un repaso por su acervo.

Hay instituciones que además de albergar obras de enorme peso histórico y simbólico, construyen una forma de "mirar" el mundo. El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) puede darse el lujo de decir que está en esa lista.
Este año, ese espacio celebra 25 años de su inauguración. Y hay que admitir que, desde 2001 hasta hoy, se ganó un lugar como "faro" del arte latinoamericano, donde la memoria estética del continente dialoga con los dilemas del presente
Este aniversario será una especie de "reafirmación" de esa identidad y también una promesa. La programación 2026, ambiciosa y diversa, parece pensada como un "manifiesto" que sintetiza pasado, presente y futuro del Malba.
El origen del Malba está vinculado a la figura de Eduardo Costantini y a su decisión de convertir una colección privada en patrimonio público.
El acervo inicial (más de 220 obras donadas por el propio Costantini) sentó las bases de un relato que buscó, desde un principio, dar espesor histórico y crítico al arte latinoamericano.
Con el paso de los años, la colección creció hasta superar las 750 piezas y se transformó de esa manera en una referencia internacional.
En esta nota se repasan algunas de las piezas icónicas del Malba. Pero vale decir que en su interior hay obras de artistas de 15 países del continente, en un entramado que articula vanguardias, arte social, abstracción y experimentación.
Además de los nombres que se mencionan luego, cabe subrayar a Tarsila do Amaral, Antonio Berni, Leonora Carrington, León Ferrari, Joaquín Torres García, Annemarie Heinrich, Marta Minujín y Remedios Varo, entre otros.
"Autorretrato con chango y loro" (1942) de Frida Kahlo es una de las obras más reconocibles del museo. James Oles destaca que la pintura está "ejecutada con pinceladas rigurosamente controladas".
Remarca también Oles su filiación con los retratos populares del siglo XIX que Kahlo y Rivera coleccionaban en Coyoacán, reforzando esa frontalidad casi desafiante que interpela al espectador
En el "Retrato de Ramón Gómez de la Serna" (1915), otra de las piezas valiosas, Diego Rivera había dejado atrás la ortodoxia cubista. María Isabel Baldesarre señala el uso de "planos texturados de colores vibrantes y complementarios", una paleta que anuncia una transición decisiva en su lenguaje pictórico
"El viudo" (1968), de Fernando Botero también está en el Malba y se focaliza en una de las obsesiones del artista colombiano: la familia y la monumentalidad. Christian Padilla recuerda que Botero encontró en los grupos familiares un terreno fértil para exacerbar el volumen y dialogar con la historia del arte, en especial con Velázquez.
En "Quiosco de canaletas" (1918), Rafael Barradas despliega una escena fragmentada, hecha de planos angulosos que se interpenetran. Figura entre los trabajos más destacados que hoy descansan en el Malba. Gabriel Peluffo Linari recupera una frase del artista: "estoy convencido que la emoción es un ángulo".
"The Disasters of Mysticism" (1942) es, según Miguel Ángel Muñoz, "la más expresionista de las primeras obras de Roberto Matta". Y por tanto, una joya del museo porteño. El contraste entre la profundidad y el caos gestual genera ese "terror inquietante" que William Rubin supo identificar con precisión en esta pintura.
Wifredo Lam, el artista cubano, está representado en la colección a través de "La mañana verde" (1943), obra en la cual articula una escena ritual vinculada a la santería cubana. La especialista María Clara Bernal describe la presencia de orishás y símbolos que convierten al cuerpo en un territorio de posesión y tránsito espiritual.
"Vallombrosa" (1916) muestra a Emilio Pettoruti, uno de los más grandes artistas argentinos, explorando "una luz autónoma de lo real". Fabiana Serviddio destaca cómo la abstracción del natural y la superposición de planos construyen una imagen quebrada, casi desajustada, pero de gran cohesión interna.
"Pareja" (1923) ocupó un lugar central en la producción de Alejandro Xul Solar y hoy descansa en el Malba. Patricia Artundo subraya que su tamaño y reiterada exhibición indican que fue concebida explícitamente para el espacio público, aun dentro de la escala íntima del artista.
En el marco de su 25° aniversario, el museo propone un año atravesado por grandes exposiciones internacionales, revisiones críticas de algunos artistas y una lectura ampliada del arte latinoamericano en vínculo con la actualidad.
El eje central estará dado por una nueva presentación de la colección permanente, que reunirá más de 250 obras y reorganizará el relato del arte latinoamericano del siglo XX desde una perspectiva renovada.
Entre ellas se destaca la primera gran retrospectiva latinoamericana de Olga de Amaral, figura del arte textil contemporáneo, cuya obra alarga los límites entre pintura, escultura y arquitectura.
También sobresale la muestra dedicada a Fernanda Laguna, realizada en coproducción con el Museo Reina Sofía, que revisa dos décadas de una práctica artística atravesada por la poesía, el activismo, la autogestión y la cultura popular.
La programación incluye además la llegada de Dan Flavin, uno de los referentes del minimalismo estadounidense, cuya obra permitirá establecer un contrapunto con las tradiciones abstractas latinoamericanas.
Y la primera exposición individual en el Malba de Abel Rodríguez (Mogaje Guihu), sabio y artista indígena amazónico, acción institucional que amplía radicalmente la noción de autoría, conocimiento y archivo visual.
A esto se suma una instalación site-specific de Vivian Suter, que volverá a poner en tensión los límites entre naturaleza, cuerpo y pintura, y la muestra "Viva Frida", con obras y documentos provenientes del Museo Frida Kahlo de Coyoacán.
Pensada en articulación con museos y colecciones de América Latina, Europa y Estados Unidos, la programación 2026 confirma al Malba como un museo vivo.
A 25 años de su nacimiento, el Malba no parece mirar hacia atrás con nostalgia. Más bien, la intención de sus referentes pareciera ser posar los ojos adelante, con conciencia histórica. Su programación 2026 lo demuestra.




