En abril de 1971, Enrique Augusto Pasquini Molina abrió su muestra en la sala de Canal 13, sobre el bulevar Gálvez, sin saber que, en cierto modo, estaba fijando para sus pares las coordenadas definitivas de su obra.
En abril de 1971, el artista presentó en Santa Fe una exposición donde dejó constancia de su formación, sus viajes y su raíz litoraleña. Entre rostros y síntesis expresiva, plasmó un lenguaje propio con proyección global.

En abril de 1971, Enrique Augusto Pasquini Molina abrió su muestra en la sala de Canal 13, sobre el bulevar Gálvez, sin saber que, en cierto modo, estaba fijando para sus pares las coordenadas definitivas de su obra.
En un contexto de juventud politizada y resistencia artística frente al gobierno de Lanusse, la exposición se presentó como una suerte de "eco" maduro de sus años de formación y viajes.
Los trabajos expuestos dejaban entrever las líneas principales de un lenguaje que lo acompañaría hasta su fallecimiento, ocurrido hace poco, el 6 de marzo de este año.
La exhibición, compuesta por dibujos, temples y óleos, fue recibida con entusiasmo por la crítica. En las páginas de El Litoral, Jorge Taverna Irigoyen destacó la satisfacción de comprobar "la maduración y el asentamiento de sus valores".
Para entonces, el artista ya portaba un bagaje envidiable. Egresado en 1956 de la Escuela Mantovani, había construido un camino que tanto había puesto el ojo en la identidad local como en una mirada cosmopolita.
El corazón de la muestra era una serie de rostros en primer plano. En estas piezas, la figura humana aparecía despojada de ornamentos, sostenida por una estructura firme y una síntesis que acentuaba el dramatismo.
Taverna Irigoyen subrayó la "recia estructuración" de estos trabajos, donde convivían una profunda indagación psicológica y ciertos ecos americanistas. Eran rostros, según Taverna, que bien podrían pertenecer al litoral o a cualquier rincón de Latinoamérica, logrando una armonía entre lo regional y lo universal.
Para comprender la profundidad de aquella exposición, es necesario rastrear sus influencias. En 1962, un viaje fortuito por Europa y Asia llevó a Pasquini a la Escuela de Arte y Artesanías de Pekín. Allí, el contacto con las técnicas de tinta sobre papel de arroz transformó su obra gráfica.
Sin embargo, este aprendizaje internacional nunca opacó su raíz. Como cofundador del grupo "Plásticos del Litoral" junto a César López Claro, reafirmó siempre su compromiso con la construcción de una identidad visual propia del río.
La mirada de Pasquini nunca fue unidimensional. Su talento se expandió hacia la escenografía (obteniendo el Primer Premio Nacional en 1964) y hacia la publicidad, donde dejó una marca indeleble en la cultura popular argentina con el diseño del icónico logo de Pelopincho.
Esta diversidad de disciplinas fortaleció su pincel, permitiendo que el rigor del dibujo conviviera con la síntesis comunicacional. De modo que aquella muestra de 1971 no fue un evento social, sino el momento en que el artista alcanzó esa "resonancia serena y sin efectismos" que lo consagraría años después.




