En Bakú, el problema no será cuánto duren los neumáticos. Lo complejo del callejero es que se enfríen demasiado justo antes de una de las frenadas más exigentes del circuito.
Los equipos dispondrán de los compuestos C3, C4 y C5 en un circuito con poco desgaste y una enorme evolución. La estrategia parece sencilla, pero el enfriamiento de los neumáticos antes de la primera curva puede provocar errores y cambiar la carrera.

En Bakú, el problema no será cuánto duren los neumáticos. Lo complejo del callejero es que se enfríen demasiado justo antes de una de las frenadas más exigentes del circuito.
La extensa aceleración que comienza al salir de la curva 16 y termina en la primera variante permite que las gomas pierdan temperatura durante varios segundos. Cuando los pilotos lleguen al final de esa recta deberán frenar desde muy alta velocidad con los neumáticos delanteros menos calientes. Allí aumentará el riesgo de bloqueos, pasadas y contactos contra los muros.
Será uno de los desafíos centrales de un Gran Premio que, en principio, se encamina hacia una estrategia de una sola parada. Pirelli eligió para la 15ª fecha de la temporada los compuestos C3 como duro, C4 como medio y C5 como blando.
La elección representa un cambio respecto de 2025, cuando la marca italiana llevó una gama un escalón más blanda: C4, C5 y C6. El compuesto más veloz ni siquiera fue utilizado durante aquella carrera porque los equipos prefirieron extender las tandas con el duro y el medio, sin perder flexibilidad estratégica.
El antecedente resulta contundente. Los 20 pilotos completaron la prueba con una sola detención. El 62% de las vueltas se recorrió con el neumático duro y el 38% con el medio. Las tandas tuvieron una duración promedio de 31,4 y 20,4 giros, respectivamente.
El caso más extremo fue el de Esteban Ocon. Después de dañar el alerón delantero, debió entrar en boxes durante la primera vuelta, colocó neumáticos medios y completó con ese mismo juego todo el resto de la carrera.
Para esta edición, Pirelli considera que el C5 blando puede soportar recorridos más extensos de lo habitual, como sucedió recientemente en Monza. Si esa previsión se confirma durante los entrenamientos, varios equipos podrían construir su estrategia alrededor del medio y el blando, relegando al C3 duro.
El asfalto de Bakú es liso y poco abrasivo. En la escala elaborada por Pirelli, su abrasividad recibe apenas un punto sobre cinco y la exigencia lateral también alcanza el nivel mínimo. Eso reduce el desgaste, aunque no elimina otros problemas.
La tracción, en cambio, fue calificada con cinco puntos sobre cinco y la exigencia de los frenos con cuatro. El circuito obliga a los autos a acelerar desde baja velocidad y detenerse con violencia en varias de sus 20 curvas. No será suficiente contar con neumáticos capaces de durar: también habrá que conseguir que trabajen correctamente en cada relanzamiento y en cada frenada.
La puesta a punto volverá a plantear un compromiso. Los equipos necesitarán un auto estable para atravesar el sector más estrecho de la ciudad, con buena respuesta para salir de las curvas lentas, pero al mismo tiempo deberán reducir la resistencia aerodinámica para no perder velocidad en la recta principal.
Las temperaturas tampoco serán uniformes. Aunque Bakú suele ofrecer jornadas cálidas, los edificios que rodean el trazado generan numerosos sectores de sombra y limitan el calentamiento del piso. Esa característica, sumada a las largas rectas, puede dificultar que los pilotos mantengan las gomas dentro de su ventana ideal.
También habrá que observar la evolución de la pista. Algunos tramos de las curvas 2, 3 y 4 fueron reasfaltados, aunque Pirelli no espera que esas modificaciones alteren de manera significativa el comportamiento general. Como sucede en la mayoría de los escenarios urbanos, el fin de semana comenzará con bajos niveles de adherencia y el agarre aumentará a medida que los autos depositen goma.
La evolución recibió la valoración máxima de cinco puntos. Por eso, una puesta a punto que parezca adecuada durante la primera práctica puede ofrecer sensaciones diferentes cuando llegue la clasificación. En las sesiones iniciales también podría aparecer algo de graining, aunque la marca italiana no espera que se transforme en un factor decisivo.
Para Franco Colapinto y Alpine, comprender rápidamente esos cambios será una parte importante del fin de semana. El argentino llega después de terminar séptimo en Madrid y buscará mantener al equipo dentro de la zona de puntos. En una pista donde la confianza resulta indispensable, encontrar desde el jueves el equilibrio entre tracción, frenado y velocidad final puede marcar la diferencia.
Bakú tiene 6,003 kilómetros, 20 curvas y una carrera prevista a 51 vueltas, para completar 306,049 kilómetros. El tiempo estimado perdido durante una detención en boxes es de 19,5 segundos, un dato que también ayuda a explicar por qué los equipos intentarán evitar una segunda parada.
Esta vez, además, todo sucederá un día antes de lo habitual. Las prácticas se desarrollarán el jueves, la clasificación será el viernes y la carrera comenzará el sábado a las 15 de Azerbaiyán.
Sobre el papel, la estrategia parece sencilla: cuidar un juego, detenerse una vez y llegar hasta el final. Pero Bakú rara vez respeta los planes escritos antes de largar.





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