Cuando la historia viene torcida hace tiempo, es muy difícil revertirla en esta clase de partidos. Este martes se presentaron dos selecciones completamente diferentes. Por un lado, un equipo aceitado que venía de una derrota inesperada con Bolivia, pero que de local es una garantía y cuenta con un plantel muy rico. Y del otro, un combinado chileno que viene de mal en peor, que ya se comió a varios entrenadores y que tampoco encuentra las piezas necesarias para, al menos, tener una actuación digna en las Eliminatorias Sudamericanas.



































