El 4 a 0 de aquella jornada húmeda, calurosa y lluviosa del 21 de junio de 2016, con ese equipo del Tata Martino que presagiaba un final diferente al que se dio, fue de una alegría total. Quedaba la final contra Chile, el equipo al que Argentina había vencido en el partido inaugural en Santa Clara. Era ideal para tomarse revancha de la derrota por penales en la Copa América del año anterior. No pudo ser. Aquella vez, el “problema” vino luego de Houston. ¡Y qué problema! Argentina perdió, también por penales, aquella final contra el equipo que dirigía Juan Antonio Pizzi y vino la debacle. Messi renunció a la selección (decisión que no sostuvo mucho tiempo), Martino se fue porque no le cedieron los jugadores para los Juegos Olímpicos y la Afa atravesó la crisis política e institucional más importante. El reacomodamiento duró un tiempo. En ese proceso de Eliminatorias, primero fue Martino, luego Bauza y por último Sampaoli quienes dirigieron al equipo para clasificar de manera angustiante, justamente ante Ecuador, aquella noche de Quito con los tres goles de Messi. Hacía mucho tiempo que en Argentina no se daba el proceso de cambio de entrenadores tan repentino como en esos cuatro años que precedieron a la muerte de Grondona. Y el final se dio con la eliminación en octavos de final del Mundial, con un plantel acabado y un cuerpo técnico con fuertes conflictos internos.