Se había preparado como nunca. El lapidario y denigrante 5 a 0 ante Colombia, del año anterior, fue el detonante para que se lo fuera a buscar. Diego había visto ese partido en la tribuna de un Monumental atónito. Nadie podía creer que esa Argentina de Basile, con una racha invicta de 31 partidos que recién fue superada en este proceso tan fructífero de Scaloni, desemboque en semejante caída libre que ponía en jaque la participación en el Mundial que se jugaría al año siguiente en estas tierras.



































