La Fórmula 1 encontró en las redes sociales una herramienta fundamental para acercarse los más jóvenes. Los pilotos muestran una parte de su vida, los equipos abren sus fábricas y los fanáticos pueden seguir cada detalle de un fin de semana de carrera casi en tiempo real. Sin embargo, detrás de ese crecimiento también apareció un costado cada vez más difícil de ignorar: el odio digital.
































