En Melbourne, Coco Gauff vivió una de esas derrotas que no dejan margen para excusas. La número 3 del mundo fue superada de punta a punta por Elina Svitolina y quedó eliminada en cuartos de final del Abierto de Australia.
Coco Gauff perdió 6-1 y 6-2 ante Elina Svitolina en cuartos del Abierto de Australia y, tras destrozar su raqueta, dijo que ese desahogo le sirve para no volcar la frustración sobre su equipo.

En Melbourne, Coco Gauff vivió una de esas derrotas que no dejan margen para excusas. La número 3 del mundo fue superada de punta a punta por Elina Svitolina y quedó eliminada en cuartos de final del Abierto de Australia.
El marcador fue contundente: 6-1 y 6-2 en apenas 59 minutos, bajo techo cerrado en el Rod Laver Arena. El servicio de la estadounidense se desordenó y la ucraniana manejó los ritmos con autoridad.
Tras el partido, se viralizó el momento en que Gauff golpeó su raqueta contra el suelo hasta dejarla inservible. En conferencia, la propia tenista defendió su reacción: “Romper la raqueta me ayuda a seguir adelante”.
Gauff explicó que esa descarga funciona como un “fusible” emocional. Dijo que se conoce y prefiere liberar la bronca con un objeto antes que lastimar a su entorno de trabajo en un mal día.
La estadounidense sostuvo que intentó hacerlo lejos del público y de los chicos que miran el torneo, buscando un lugar sin cámaras. Pero admitió que, en ese contexto, lo privado casi no existe.
También reconoció que su nivel estuvo lejos del habitual: sintió que “nada funcionaba” en su juego, aunque concedió que buena parte de ese malestar fue mérito de Svitolina, que jugó “muy bien”.
Con el golpe en Melbourne, Gauff se despide temprano de un torneo en el que había sido semifinalista en 2024, y vuelve a enfocarse en una temporada donde ya sabe lo que es ganar grande: fue campeona del US Open en 2023 y 2025, y también levantó Roland Garros en 2025.
Svitolina, en cambio, tomó envión con una victoria enorme y se ganó el cruce de semifinales ante Aryna Sabalenka, la número uno del mundo, en un cuadro que se vuelve cada vez más pesado.
Lo de Gauff quedó como postal del alto voltaje del tenis: la derrota no se negocia, pero la forma de salir de ella también se entrena. Y en su caso, la catarsis fue tan visible como el resultado.




