Los Gladiadores volvieron a lo más alto. La selección argentina masculina de handball venció 26-25 a Brasil en una final electrizante y se consagró campeona del Campeonato Sur-Centro, disputado en Asunción, Paraguay.
Argentina superó 26-25 a Brasil en Asunción y se consagró campeona del Campeonato Sur-Centro de handball. El equipo de Rodolfo Jung cortó la racha de dos títulos seguidos del rival y celebró con Nicolás Bono como MVP y goleador de la final.

Los Gladiadores volvieron a lo más alto. La selección argentina masculina de handball venció 26-25 a Brasil en una final electrizante y se consagró campeona del Campeonato Sur-Centro, disputado en Asunción, Paraguay.
El equipo dirigido por Rodolfo Jung se impuso por la mínima en un cierre cargado de tensión y recuperó un título que el seleccionado brasileño había ganado en las dos ediciones anteriores.
El partido fue parejo desde el inicio, con defensas firmes, ataques largos y un ritmo de alto voltaje. Nadie logró escaparse con claridad y cada gol pareció valer doble en un contexto de máxima presión.
En los instantes decisivos, Argentina sostuvo la calma, respondió a cada intento de reacción y terminó sellando la victoria en la última bola, con el banco pendiente del reloj y el estadio en silencio expectante.
La gran figura de la noche fue Nicolás Bono. Con seis tantos, fue el máximo anotador del encuentro, se llevó el premio al MVP y empujó al equipo cuando el margen se volvió mínimo y el error podía costar el campeonato.
Más allá de la copa, la consagración tuvo un valor simbólico fuerte. Los Gladiadores ya habían asegurado la clasificación al Mundial de Alemania 2027, por lo que el título funcionó como premio extra a un torneo sostenido y consistente.
Con este logro, Argentina reafirmó su lugar de potencia regional y sumó una nueva estrella a una historia rica, que incluye siete títulos en el antiguo Panamericano masculino, en una línea de continuidad que se mantiene con el paso del tiempo.
Tras la consagración, el capitán Lucas Moscariello remarcó el trabajo previo y el sacrificio del grupo. La victoria ante Brasil, otra vez, no fue solo un resultado: fue una declaración de carácter en el partido que nadie quiere perder.