"Venite al club, traé botas de goma y te voy a mostrar el desastre que es esto...". José García era el vicepresidente de Colón en ese 2003. Las lágrimas en su rostro, la voz quebrada, balbuceante, era la reacción ante tamaño espectáculo. El agua en el campo de juego apenas dejaba ver los travesaños de los arcos. Ese hombre que cada vez que Colón jugaba ni veía el partido y caminaba cada rincón del estadio con su intercomunicador para que no se le escape ningún detalle y estar siempre listo para solucionar cualquier inconveniente, sucumbía emocionalmente frente a tanto desastre. "No sé si nos alcanzarán los 3 millones de pesos para arreglar esto. El piso de parquet del Roque Otrino, que está destruido, nos costó 300 mil dólares", le comentaba a este periodista en ese recorrido lleno de dificultades, con agua por todos lados. Lisa y llanamente, parecía que un terremoto había azotado a la institución.




































