“En la charla técnica les hablé a mis jugadores de mi papá. Les dije lo que significó para mí, en los 39 años de vida que tengo, caminar al lado de él, en cualquier parte del mundo y que lo reconozcan como lo reconocen, que le pidan fotos, autógrafos o simplemente lo paren para saludarlo. Sé que lo mío no se puede comparar con todo lo que él logró, pero me sirvió de ejemplo para decirles lo que significa ser campeones. Salir campeón es para toda la vida. Tus hijos y los hijos de tus hijos siempre dirán que su papá o su abuelo es campeón, porque no hay ex campeón”. Juan Pablo Pumpido no cabe en su emoción. Y tiene sobrados motivos. Es campeón de la Copa Paraguay con Sportivo Ameliano, un club chiquito, que está jugando su primer año en Primera y que lo contrató por diez partidos, para intentar salvarlo del descenso y para ver si se podía escalar hasta lo más alto en la Copa de Paraguay. Y lo sacó campeón, haciendo historia.

































