Para quienes abrazamos esta profesión, los recuerdos se entrelazan con el presente. A nadie se le pudo pasar por alto lo que significó ese 22 de junio de 1986, cuando bajo el sol abrasador del Azteca mexicano, Maradona limpiaba cuanto inglés se le cruzó por delante para convertir el gol soñado, el más lindo de la historia. Para Víctor Hugo Morales, el relato más bonito e inmortal. Y para Daniel Arcucci, quien supo construir una amistad profunda con Maradona, un sinnúmero de anécdotas y vivencias que lo emocionaron, 40 años después, con el mismo calor de aquella tarde mexicana, otra escenografía, otro país y otro protagonista. Aquella vez fue Diego, esta vez fue un Messi que frotó la lámpara que el otro genio le dejó. O le tiró desde el cielo.


































