El viaje, otra vez eterno. Tres horas y media en tren a París, escala similar y otras tantas horas hasta llegar a destino. En el medio, una pérdida de valija, que pudo ser recuperada, en primera instancia gracias a Olivier. Un francés que hablaba muy bien español (y muy fuerte, lo retaron por ello ja!) y que nos ofició de traductor del responsable de la estación de trenes de La Baule, que más allá de no entendernos, siempre se puso disposición. Y el otro que se la jugó fue el colega vasco residente en París, Pablo San Román, que fue a buscar el bulto y nos lo trae en unos días.