Newell’s vio un espejismo y se tiró de cabeza a esa ilusión de encontrar un oasis en su desierto futbolístico. Fue hasta San Luis para intentar beber de un manantial puro y refrescante, que pudiera apagar el incendio de sus conflictos internos y de sus cíclicos errores. La victoria del viernes pasado ante Atlético Tucumán, por el campeonato local, había terminado de encender la esperanza de su fiel hinchada.



































