Corría el año 1992. José Yudica dirigía a Argentinos Juniors y recibió una apretada de la barra brava su hijo, que además era su ayudante de campo. Comenzaron a agredirlo, entonces José sacó un arma de fuego para dispersarlos. "Cuando tuve problemas, nadie me defendió. Ni siquiera los dirigentes. Muchas veces son ellos los que mandan a esta gente a amenazar", expresó en aquél entonces. No lo llamaron nunca más para dirigir. Se llevó a la tumba la convicción de que el "nunca más" se debió a esos valores éticos y morales que lo distinguieron. Y que muchas veces llevaron a confrontar. Su muerte enluta al fútbol argentino, porque José Yudica fue un hombre que dejó huellas. Fue campeón con tres equipos de los denominados chicos. Primero fue con Quilmes en 1978, luego con Argentinos Juniors (ganó el Nacional y la Libertadores del 85, además de haber sido protagonista de una de las finales más memorables de la historia de la Intercontinental contra la Juventus en Tokio) y también con Newell's. Equipos que tuvieron su impronta, identificada en aquéllos tiempos con el fútbol de Menotti.

































