“Desde este arco, ví el mejor gol de la historia de los mundiales”, dice Nery Pumpido con una emoción que lo rebalsa. Porque el homenaje que le hizo la Fifa como gran protagonista de aquella gesta de hace 40 años, se dio justamente en el Azteca, donde debía ser. La gratitud del reconocimiento hubiese sido la misma; la emoción, no. Era ahí. Debía ser ahí.





