El dato objetivo elocuente es que hacía 15 años que no ocurría que no hubiera equipos argentinos en semifinales, ni de Libertadores ni de Sudamericana. No es casualidad, sino causalidad. Se podrá maquillar el duro trance que toca vivir, con el título de campeón de la Copa América logrado por Argentina. Pero la copa que alzó Messi no se puede tomar como referencial de una realidad que está a la vista y que ha sumergido al fútbol argentino en un pozo profundo: 28 equipos en 2022, competitividad con bajo nivel de juego, ausencia de figuras, 35 equipos en el torneo de ascenso, supresión de descensos de ingresos deprimidos desde todo punto de vista, incluido el de la TV, que en muchos clubes significa el pago de la totalidad de la planilla de sueldos del plantel profesional.


































