Max Verstappen había ilusionado a Red Bull con una clasificación mucho más competitiva de lo esperado en las calles de Mónaco. En un circuito donde cada décima cuenta y donde adelantar suele ser casi una misión imposible, el cuatro veces campeón del mundo había logrado meterse en la pelea grande del sábado. Sin embargo, todo lo bueno que había insinuado el RB22 se desmoronó apenas se apagaron los semáforos.


































