El Presupuesto 2027 mantiene intacta el ancla fiscal del Gobierno de Javier Milei, pero desplaza hacia la inversión privada buena parte de la responsabilidad de acelerar una economía que este año crecería menos de lo previsto.
Tras una caída estimada de 2,1% en 2026, la Casa Rosada estima un rebote de 9,2% de para acompañar una expansión de 4%. El desafío es lograrlo con baja del gasto, más participación del mercado y el compromiso de sostener el superávit fiscal en el cuarto año de mandato.

El Presupuesto 2027 mantiene intacta el ancla fiscal del Gobierno de Javier Milei, pero desplaza hacia la inversión privada buena parte de la responsabilidad de acelerar una economía que este año crecería menos de lo previsto.
El proyecto que el Ministerio de Economía envió al Congreso este martes estima una expansión del PBI de 4% para el próximo año, con una inflación de 18% entre diciembre y diciembre y un dólar oficial de $1.847,6 al cierre del ejercicio. El consumo privado crecería 3,4%, el público 0,6% y las exportaciones 8,5%, mientras las importaciones aumentarían 8,2%.
Horas antes de conocerse los números, Luis Caputo había anticipado el eje político del proyecto durante una exposición ante la Cámara de Exportadores. “Vamos a estar presentando por cuarto año consecutivo superávit financiero”, señaló el ministro, destacando que sería un hecho inédito para el país sin encontrarse en default.
La novedad no está tanto en aumentar el superávit como en preservarlo. Economía proyecta para 2027 un resultado financiero positivo de $3,3 billones, equivalente a 0,2% del PIB, y un superávit primario de $18,44 billones, 1,3% del producto. Para este año, el propio documento prevé cerrar con un resultado financiero de 0,2% y uno primario de 1,5%.
Es, en ese sentido, una etapa distinta de la que abrió el Presupuesto 2026. La ley vigente estableció expresamente que la ejecución debía terminar “con resultado financiero equilibrado o superavitario” y autorizó $148,07 billones de gastos para la Administración Nacional, con recursos por $148,30 billones. Sin embargo, el proyecto del año próximo trabaja sobre una estimación actualizada para 2026 bastante mayor: $158,68 billones de gastos y $158,78 billones de recursos.
También cambió la macro sobre la cual se construyeron aquellas cuentas. El Presupuesto 2026 había previsto una expansión de 5% y una inflación de 10,1%; ahora Economía calcula que este año finalizará con crecimiento de 3% y una variación del IPC de 29%. Para 2027 vuelve a proyectar una desaceleración pronunciada, hasta 18%.
La variable que explica buena parte de la aceleración prevista es la inversión. Después de crecer 16,2% en 2025, Economía estima que caerá 2,1% este año y espera un rebote de 9,2% durante 2027, más del doble del crecimiento proyectado para el conjunto de la economía.
Ahí aparece la principal tensión del programa. El salto no estará sostenido principalmente por una expansión de la obra pública nacional: los gastos de capital del Sector Público Nacional representarían apenas 2,9% del gasto total y 0,4% del PIB. El documento habla directamente de un “nuevo paradigma en Infraestructura y Obra Pública”, con mayor participación privada.
La Casa Rosada informa que revisó una cartera de 2.339 obras y delimitó su gestión directa a 199 proyectos, de los cuales 55 ya fueron terminados. El resto del esquema incluye transferencia de intervenciones locales a provincias y municipios y la Red Federal de Concesiones, donde las empresas deberán financiar operación, conservación y mejoras mediante capital privado y peajes “sin subsidios operativos del Tesoro Nacional”.
Ese punto traslada parte de la discusión presupuestaria al terreno federal: no sólo cuánto deja de invertir directamente Nación, sino qué proyectos quedarán bajo responsabilidad provincial o municipal y qué capacidad tendrán esos distritos para financiarlos.
El esquema supone, además, una mejora de los ingresos. Los recursos totales del Sector Público Nacional pasarían de 15,3% del PIB en 2026 a 15,5% en 2027, mientras los tributarios subirían de 14,1% a 14,8%. El gasto total también aumentaría, de 15,1% a 15,3% del producto.
La cuenta cierra así con prácticamente el mismo excedente financiero, pero con otra apuesta detrás: crecimiento de 4%, recuperación de la inversión, mayor participación privada en infraestructura y un Tesoro que mantendrá el equilibrio como “regla fiscal inalterable”. El cumplimiento de esa combinación será la prueba que dejará abierta el último presupuesto del actual mandato en medio de las elecciones presidenciales.





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