En una de las canciones de “Basta de música” (2020), “Dos patos”, el cantautor esparce: “hablar es traducir, traducir es componer, componer es improvisar, improvisar es pensar”. La memoria, antojadiza, recupera la escena final del documental “Charco: Canciones del Río de la Plata” (2017). En una canoa flotando en el Tigre, Buscaglia y Pablo Dacal protagonizaban un histórico duelo verbal lanzando apellidos claves en la cultura popular rioplatense. Entendiendo el arte de improvisar como “alterar la velocidad de la composición al modo instantaneidad”, el músico advierte que es uno de los elementos más importantes, “pero hay que tener sumo cuidado con romantizarlo: únicamente tiene sentido cuando tenés todo un andamiaje para que se manifieste. Conozco, disfruto y venero el vértigo del trapecio en las alturas, pero dediqué años a tejer, tramar y expandir la red, allá abajo”.
Invitado a participar de la travesía por El Litoral, Dacal describe a su par como “un tipo generoso, amable y cálido”, un “espíritu noble y despierto, con el niño siempre presente en sus ojos y la magia en sus manos para encontrar la música”. Sobre la payada contemporánea, esa “improvisación en tiempo diferido con los amigos tirando data y metiendo púa”, el músico argentino la contextualiza como “un encuentro centenario” acompañado por “un silencio muy particular en la canoa, con la modorra después del almuerzo y el sol de un invierno abrigando nuestros arpegios, melodías que entregamos al río y allí seguirán andando”.