En 1888 el escritor Oscar Wilde publicó “El príncipe Feliz y otros cuentos”. Un de los textos contenidos allí, devenido en clásico, es “El gigante egoísta”, donde el personaje principal construye un muro para evitar que los niños jueguen en su jardín, pero a la vez impide la entrada de las estaciones lo cual deja a su morada en un invierno eterno hasta que modifica su conducta. Liliana Romero y Norman Ruiz tomaron esta historia atemporal, la adaptaron muy libremente, y realizaron un largometraje homónimo de animación, que se estrenó recientemente en Cine Ar. Con algunas particularidades: traslada la acción a un paraje inspirado en la geografía del norte argentino y le otorga a las estaciones del año el estatus de personajes y un rol central en la trama.
“Oscar Wilde me encanta y lo que tiene de particular este cuento es que dispara muchas imágenes, las estaciones están como personificadas y pueden decidir si entran o no a un lugar. Eso nos pareció muy interesante. Una estación del año es algo abstracto, nadie sabe bien cómo pasarlo a imágenes. Así que, a partir de esa sensación, ese concepto de Wilde las pensamos como personajes y empezamos a trabajar para darle personalidad, sentimientos. En nuestra película, las estaciones se enojan, quieren cosas, tienen deseos y pelean. Nos pareció una idea interesante para llevar a la animación. Ese fue un punto importante en el arranque del proyecto”, explicó Liliana Romero, co guionista y directora, en una entrevista concedida a El Litoral.
D.R.Más allá de que el cuento de Wilde posee conceptos que son universales, un objetivo que se propusieron quienes impulsaron el proyecto fue traerlo al entorno latinoamericano, además de ubicar la casa del gigante en un lugar que mantenga la magia del original. “La verdad es que el norte argentino tiene eso, tiene colores, texturas, cardones enormes que florecen solamente de noche. Nos pareció que el lugar adecuado para ambientar el film era un pueblo imaginario en el norte argentino, para mostrar paisajes nuestros. A veces uno se enamora en las películas de paisajes, colores y música de otros lugares y acá tenemos mucho de todo eso que vale la pena mostrar”, remarcó Romero.
Otro punto es que a veces las películas tienen la posibilidad de tener un recorrido en festivales y desde ese lugar pueden visibilizar la “propia aldea”. Al respecto, la directora afirmó su interés en mostrar lo propio. “Para empezar a querer nosotros mismos todo lo rico y cultural que hay en el país. La música que usamos en el film también tiene toques locales, como el uso de charangos y quenas. Me parece que todo eso puede sumar, es interesante”, apuntó. Aspecto que se refuerza con la incorporaciones de actores argentinos que evitaron grabar en neutro. “Cada uno jugó un papel fundamental. Estuvieron dispuestos a jugar y a jugársela para dar su propia personalidad a los personajes”, destacó Romero.
D.R.La animación en Argentina
Más allá de la alegría que supone para los realizadores haber podido concretar el estreno de “El gigante egoísta”, ponen de relieve que la animación argentina todavía tiene mucho camino por recorrer, ya que son muy pocos los largometrajes que se producen. “Esto obedece a varias cuestiones. Una es el tiempo que lleva hacer animación, es una apuesta muy arriesgada para los productores. También están las bocas de exhibición, que son muy pocas y en las cuales hay que competir con mega tanques que llegan con una cantidad enorme de salas preacordadas. Eso juega en contra. En Argentina hay un montón de cortometrajistas excelentes, pero falta el paso del corto al largometraje. Allí habría que trabajar fuertemente”, dice Liliana.
Generar las acciones para robustecer al sector sería beneficioso en la medida en que genera trabajo para muchísima gente. “Esta película, por ejemplo, está pintada toda a mano. Es mucha la cantidad de gente trabaja, en forma escalonada, por etapas. Lo que tiene que pasar es que haya un circuito de producción, exhibición y distribución para que se convierta en una industria real”, sintetizó Romero.
D.R.Entre los actores que prestaron sus voces para el film figuran Alejandro Paker, Adriana Salonia, Virginia Kaufmann y Manuel Wirzt. Este último, que se hizo cargo del personaje del Verano, cumplió un rol fundamental. “Manuel tiene una conexión muy fuerte con el público infantil y le dio un tono despreocupado que sumó un montón. También compuso y cantó la canción del final, así que también tuvo un aporte en el recurso musical de la película”, contó Liliana Romero.