Una voz pastorea el pensamiento, la de Nadia Prado, citada al inicio del libro. “El lenguaje es el tallo de la ruina”. Sobre esa ruina, crece la flor de la risa, tesoro de la comunidad de los nadies. “Las formas lúdicas, gozosas, de la risa también son parte de ese dolor. Es decir, son los modos de resistencia. Es el otro rostro: el dolor y la risa conviven en un mismo cuerpo. Admiro mucho a las personas que crean a partir del dolor cuando pertenecen a pueblos históricamente oprimidos. Todo el trabajo en el cine y en la literatura me parece muy interesante. Pero, claro, la novela después va exigiendo otras cuestiones que se me arrancan del humor y se va oscureciendo la trama; son partes de convivir con cuerpos y con pueblos que también celebramos la vida”.