La adaptación cinematográfica de Batman realizada en 1989 resultó rentable para los inversores: costó 35 millones de dólares (buena parte de los cuales fueron para Jack Nicholson por ponerse en la piel del Guasón) y recaudó más de 400 millones. Esto le abrió al director del film, Tim Burton, las puertas para desarrollar un proyecto más personal y cercano a su cinefilia. Fue así que, el 6 de diciembre de 1990, hace exactamente 30 años, presentó en Los Ángeles “El joven manos de tijera” (“Edward Scissorhands” según su título original), oscura fábula sobre las dificultades de una sociedad frívola y endogámica para aceptar lo diferente.

































