Alrededor de las 2 de la madrugada del 7 de octubre de 1974, una pasajera “saltó “ de un Lincoln Continental azul plateado que había dado un volantazo y circulaba a gran velocidad sin las luces delanteras encendidas cerca del monumento a Jefferson en Washington. La mujer trepó por el parapeto de piedra de la costanera y -actuando según lo que describió más tarde como un impulso frenético- saltó de cabeza al agua helada y turbia. Su caída se convertiría en uno de los escándalos sexuales más infames de la capital estadounidense.



































