Enseguida, el primer premio del concurso de belleza Miss Citrus le abrió las puertas al modelaje y a las fotonovelas, muy populares entonces (aunque había estudiado teatro con Alejandra Boero y Pedro Asquini). De ahí al cine había un paso muy chiquito, pero no sucedió acá sino en Venezuela. Así se lo contaba años después a Marta Dillon: “Conocí a un periodista de ese país en el Instituto de Cine, yo siempre andaba por ahí buscando trabajo. Me vio hermosa, tan blanca, y dijo que había que llevarme al festival porque se necesitaba gente nueva. Las estrellas eran Graciela Borges, Gilda Lousek y Elsa Daniel, todas mujeres lindas y con aspecto de ingenuas. Pensé bastante qué hacer en ese festival y se me ocurrió ponerme un bikini rojo chiquitito a lunares blancos, y mientras le hacían notas a Graciela al lado de la piscina me saqué el vestido como si fuera a tomar un baño. ¡Para qué! ¡Fue un escándalo! Se me vinieron todos los periodistas al humo, los productores pedían películas mías, no podían creer que nunca hubiera filmado”. La anécdota sucedió en el hotel Tamanaco de Caracas.