Cincuenta años son como un suspiro y, paradójicamente, una eternidad. Si en 1976 el humo de las alcantarillas de Manhattan envolvía a un Travis Bickle alienado por el trauma (todavía a flor de piel) de la guerra de Vietnam, hoy ese desamparo se esconde detrás del brillo de la pantalla de un celular durante una noche de insomnio.


































