Por Rosa Gronda
Esta cuarta entrega cambia de director y se despoja de una buena parte del elenco anterior, en el intento de consolidar una trama con menos hilos sueltos. Se concentra en Jack Sparrow (Johnny Depp), que en la tercera entrega había sido desplazado a un rol casi secundario, pero aquí recupera su protagonismo que da unidad a todo el relato. También la película juega -con un toque misógino- introduciendo un activo rol de lo femenino en el rudo universo de la piratería, con la incorporación del personaje de Angélica (Penélope Cruz) y de las míticas sirenas que, además de ofrecer una de las secuencias más bellas, son indispensables para el objetivo que todos persiguen en esta parte: encontrar la remota fuente de la juventud.
Pero Sparrow no es el único interesado, el temible Barbanegra persigue el mismo objetivo y para conseguirlo no duda en secuestrar al solitario pirata -que además ha quedado sin nave propia- y embarcarlo en la suya rumbo a la misteriosa aventura.
A su vez, no están solos en esta búsqueda, porque paralelamente, tanto la corona española como la británica persiguen lo mismo y con la ayuda de expiratas: Barbossa con su pata de palo -que encierra una sorpresa- y el exlugarteniente de Sparrow, Mr.Gibbs, por el otro lado.
De este modo, hay tres búsquedas paralelas: las dos oficiales y la de clandestinos piratas (Barbanegra, Angélica, Sparrow); aunque, paradójicamente, tanto el rey británico como el español necesitan de piratas para acercarse a las aguas de la inmortalidad.
Espectacularidad sin sorpresas
Desde el inicio, los acontecimientos no paran de sucederse: fugas espectaculares, cambios de bando y de identidad, ligados a traiciones y reproches por errores del pasado.
Todo está cuidado con extremo profesionalismo: las escenas de acción, la reconstrucción de época, los efectos digitales: profesionalismo puro, pero con poca capacidad de sorpresa para el espectador en una historia que se alarga más de lo necesario.
En tanto, la incorporación de Penélope no aporta más que la afirmación de la decidida soltería de Sparrow. No hay química entre ellos. La historia de amor nunca cuaja y se diluye en el metraje.
El resto de estas “Mareas Misteriosas...” es un gran despliegue de medios de producción, mucho vértigo y espectacularidad para -finalmente- seguir dejando abierta la puerta a una nueva secuela.
La película ofrece una cuota de entretenimiento y deleita con algunos preciosismos visuales, pero tiene mucho menos humor, apenas algunos guiños que apuntan a lograr una sonrisa, entre ellos, la relación entre los enemigos íntimos, Jack Sparrow y Héctor Barbossa (la dupla Johnny Depp y Geoffrey Rush) es la que proporciona los momentos más cómicos del film.
Más belleza, menos acción
Lo que sin duda es uno de los puntos fuertes de toda la saga es su dirección artística. El diseño de los interiores de los palacios y los barcos, el vestuario y el maquillaje alcanzan un nivel de excelencia. El nuevo director Rob Marshall, autor de espectaculares puestas al estilo de “Chicago” o “Memorias de una Geisha” se mueve como pez en el agua al concretar la estética adecuada pero no logra que las escenas de acción tengan demasiado nervio. El universo pirata se conforma sin malos poderosos, casi sin sangre ni lágrimas (que son muy escasas y cuestan mucho). Tampoco hay exceso de violencia ni derroches de pasión. El erotismo se decanta hacia un tierno romanticismo aunque no en la fría relación Sparrow-Cruz sino en la subtrama amorosa del predicador y la sirenita que depara momentos de alto lirismo.
El principal defecto de la saga sigue sin corregirse: nada justifica que una película tan simple se extienda casi dos horas y media. El guión es volátil y los diálogos no aportan demasiado sino que dilatan el corazón de la aventura con una lentitud que no carece de acontecimientos pero que su reiteración vuelve aburridos.
En esta nueva obra no aparecen personajes memorables, exceptuando a Sparrow. Como siempre el extravagante pirata es el rey del elenco, aunque sus locuras y sus gracias pierden frescura y eso que se han limado algunos tics anteriores.
En definitiva, la saga ha quedado a esta altura tan dilatada como reducida, adentro del barco en la botella, el otrora poderoso Perla Negra ahora atrapado en un envase, soñando tal vez con tiempos mejores.



































