—Es una historia muy sorprendente. Siri es ocho años más joven que yo y creció en Minnesota, en una zona rural. Como se puede imaginar, era una alumna brillante que tuvo una beca para asistir a la Universidad de Columbia en Nueva York para hacer un doctorado. Llegó a Nueva York a los veintitrés años, y conocíamos a una sola persona en común en todo el universo. Había una lectura de poesía esa noche en un lugar donde han hecho sesiones de lectura de poesía durante ochenta años, un lugar muy grande, con mil butacas en el auditorio. Una amiga estaba por dar una lectura, me invita, pero yo acababa de volver de un viaje y no estaba seguro de ir. A último momento decido ir. Cuando termina la lectura, Siri estaba conversando con este conocido en común, me ve desde el otro lado de la sala y le pregunta: “¿Quién es ese que está ahí con una campera de cuero fumando un cigarro?”. “Ah, es Paul Auster, el poeta” le dice nuestro amigo. “Quiero conocerlo” decide Siri, y se acercan. Yo sabía que este hombre estaba casado, pero pensé: “Qué linda chica con la que está, quizás hay algún romance”. Así que fui muy cortés, tal vez distante, pensando en que ella era bellísima, y muy alta. Yo no entendía muy bien cómo era la situación así que hablábamos de forma muy correcta y después de un par de minutos, este amigo se fue para hablar con otra persona y me di cuenta de que no eran pareja. Y seguimos hablando y hablando, y después salimos juntos y seguimos hablando. Y pasamos la noche juntos y hemos estado juntos desde esa noche… Realmente sorprendente. Y si no hubiera ido a esa lectura, nunca la hubiera conocido. Toda mi vida hubiera sido diferente, y todo en mi vida hubiera sido diferente.