Mientras los nutricionistas occidentales advierten sobre los peligros de las dietas ricas en grasas saturadas, en las áridas llanuras del norte de Kenia, el pueblo turkana lleva milenios demostrando cómo la evolución puede transformar las cosas: prosperan bajo un sol abrasador alimentándose casi exclusivamente de lo que la ciencia moderna consideraría una pesadilla cardiovascular.


































