La princesa Charlène lleva más de un año sin pisar Mónaco, más allá de su fugaz aparición el pasado noviembre. Primero fue una infección lo que la tuvo en África, después su hospitalización en un misterioso enclave para superar las secuelas, también psicológicas, de su larga enfermedad, según ha explicado su marido Alberto de Mónaco. La vuelta a casa de la princesa es siempre “inminente”. Es así como la describen los continuos comunicados oficiales que llevan meses tranquilizando a los monegascos con respecto a su estado de salud.

































