Ayer tuvieron lugar las celebraciones de las bodas de oro de los reyes Carlos XVI Gustavo y Silvia de Suecia en el Palacio Real. Una celebración en petit comité que contó eso sí con la presencia de los tres hijos del matrimonio.
Con motivo de las celebraciones por sus cincuenta años de matrimonio, el rey sorprendió a la reina con la medalla Serafimer, la más alta distinción honorífica. Se trata de una condecoración que se concede en muy contadas ocasiones. Sus tres hijos fueron testigos de este emotivo momento.

Ayer tuvieron lugar las celebraciones de las bodas de oro de los reyes Carlos XVI Gustavo y Silvia de Suecia en el Palacio Real. Una celebración en petit comité que contó eso sí con la presencia de los tres hijos del matrimonio.
El momento más emocionante llegó cuando el rey hizo entrega a la reina de medalla Serafimer, en reconocimiento a “su extraordinaria labor humanitaria durante medio siglo”. El rey destacó la labor que ha hecho la reina en el apoyo a niños que crecen en entornos difíciles, a las víctimas de abusos, a las personas con enfermedades neurodegenerativas como la demencia o a los niños con discapacidad.
La reina ha fundado diferentes organizaciones para ayudar en estas causas como la Mentor Foundation, la World Child Foundation o Silviahemmet. Como testigos de este momento estuvieron los príncipes Victoria, Carlos Felipe y Magdalena, así como el príncipe Daniel y la princesa Sofía.
En el mismo acto, el presidente del parlamento sueco, Andreas Norlén, y el primer ministro, Ulf Kristersson, entregaron a los reyes un regalo del parlamento y el gobierno por las bodas de oro. El obsequio fue un candelabro de metal fundido diseñado por Monica Förster. Un objeto de decoración de 14 kilos de peso y que lleva grabada una dedicatoria de felicitación.
Esta condecoración es la máxima distinción honorífica de Suecia y la medalla al mérito más antigua del mundo que continúa concediéndose. La medalla se acuñó con la reinstauración de la Orden de los Serafines en 1748.
Fue en 1975 cuando la medalla pasó a depender directamente del monarca y desde entonces la efigie del rey Federico I está grabada en el anverso, un retrato que, a diferencia del resto de medallas reales, no se modifica cuando se produce la sucesión al trono.
Se concede en contadas excepciones, la última por ejemplo, fue entregada en 2019 a la doctora honoris causa a la escritora, psicóloga y superviviente del holocausto, Hédi Fried, que dedicó su vida a narrar su experiencia en los campos nazis y a promover la memoria, la democracia y los derechos humanos en Suecia y Europa.
Será el próximo 19 de junio cuando tenga lugar la celebración por todo lo alto de los 50 años de casados de los reyes de Suecia. Una historia que comenzó en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 con un rey decidido a casarse por amor.





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