El vuelo es extenso y pesado. La primera escala fue recién luego de 13hs y más de 11 mil kilómetros de recorrido, en Ámsterdam (Holanda). Las dos horas restantes para llegar a Cracovia (Polonia) son prácticamente insignificantes. Aquí, a 250 Kms. de la frontera ucraniana se vive una extraña “nueva normalidad” que justifica una condición peor que un simple cansancio pasajero: los locales mantienen su rutina diaria, en un entorno configurado para contener a masas de ucranianos en crisis y conviviendo junto a la preocupación por la escalada bélica que no parece encontrar camino a la solución.



































