La situación se venía gestando -de a poco- desde hace años. Maduro parecía haber encontrado un truco infinito para ser el “presidente democrático” de una nación con mucha riqueza y eso en Estados Unidos no caía tan bien. El legado de Chávez y una Latinoamérica con una visión más centro-izquierda ayudaban a limpiar la imagen de un Nicolás Maduro decidido a no bajarse del poder. Pero de un día al otro, cambió.


































