En Argentina no es extraño que un Cadete o Aspirante de cualquier instituto de formación militar no salga de franco con el resto de sus camaradas porque su camisa no estaba perfectamente planchada o porque sus zapatos no brillaban como testimonio de un lustre pertinente al rol que tiene su portador ante la Nación que protege. La inexistencia de barba en la mayoría de las Fuerzas Armadas, un corte “media americana” y un peinado “a la gomina” complementan parte de esa figura que busca mostrarse absolutamente pulcra y correcta. Quizá por esa acostumbrada concepción de la imagen militar, el autor mira con asombro la manera en la que circulan los militares en las veredas de ciudades alejadas del frente (o no tanto) de guerra entre Rusia y Ucrania.



































