El "Martín Fierro", nuestro poema nacional, dice como sentencia: "Muchas cosas pierde el hombre, que a veces la vuelva a hallar, pero les debo enseñar y es bueno que lo recuerden, si la vergüenza se pierde, jamás se vuelve a encontrar".
¿Cuál es la diferencia entre "desvergonzado" y "sinvergüenza? El autor, de una manera muy curiosa, y hasta entretenida, trata de reflejar dicha distinción.

El "Martín Fierro", nuestro poema nacional, dice como sentencia: "Muchas cosas pierde el hombre, que a veces la vuelva a hallar, pero les debo enseñar y es bueno que lo recuerden, si la vergüenza se pierde, jamás se vuelve a encontrar".
Esta estrofa nos puede orientar en la búsqueda de qué es lo que se ha perdido. Al que ha perdido la vergüenza se lo llama "desvergonzado" o "sinvergüenza", término -este último- muy despectivo. Investiguemos entonces, qué valor o disvalor conlleva haber perdido la vergüenza.
Hagamos una recorrida rápida desde la antigüedad en el pensamiento occidental. Aristóteles por ejemplo hacía hincapié en que la vergüenza estaba relacionada con la ética, o sea, con la conducta, con los comportamientos. Es la vergüenza la que ayuda a reprimir el impulso a violar las leyes y frenar la voluntad de corrupción.
¡Qué hallazgo! ¿No? En griego, "aidos" es la palabra que significa tanto vergüenza como pudor (de ahí sale "partes pudendas" y la palabra estuvo relacionada también con el honor y la dignidad). Homero la usa como "respeto" a un dios o un superior y es el "respeto humano", el que impide la bajeza.
El diccionario de la lengua portuguesa, lo define como "tener sentimiento de la propia dignidad". y haberlo asumido. Desde aquí ya podemos ir llegando a lo que mayormente significa "no tener vergüenza". Para simplificarlo diríamos que es, no tener honorabilidad, no tener pundonor. Haber perdido el sentido moral de la dignidad y de la veracidad.
La vergüenza se pierde con la suma de actos fallidos, inmorales, deshonestos que nos parecen naturales pero la fruta ya está podrida. Y esto cuando avanza nos lleva a una confusión entre lo verdadero y lo falso porque se entremezclan.
Ahí pesa el engaño. El que se acostumbró a la mentira como si fuera la verdad, pierde el criterio de lo justo y miente sin perturbarse. Y suma lo que llamamos la "impunidad", el no castigo o reproche. Hay errores y no hay corrección, hay corrupción y se ocultan las leyes para reprocharla o castigarla, hay delitos y se esconden en un berenjenal administrativo o algo parecido.
Los mentirosos habituales son personas que viven en el delito y ya han perdido su propia dignidad. Lamentablemente parte de la justicia, en ciertos momentos y presionada por distintos gobiernos, ha ido montando vallas para facilitar esas tretas escapatorias y favorecer desde el poder a los sinvergüenzas.
Este panorama me trae a la memoria el tango "Cambalache", cuando dice: "Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo. (…) Los inmorales nos han igualao. Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor".
Comparar lo que tengo con los que tienen mucho o demasiado, a veces nos despierta el deseo de robar del erario público, de un Banco, una Mutual o una Billetera Virtual. Y esto sacude y desbarata cualquier economía sea pública o doméstica.
Ya lo decía Francisco de Quevedo en el siglo XVII, tocando el tema del poder: "poderoso caballero Don Dinero". Para terminar y que no piensen que soy negativo o resentido, quiero referirme, brevemente, a otros tipos de vergüenza que pueden ser sedimento de algo positivo.
El ignorante se siente apabullado por los que saben más que él y tiende a disminuirse. El pobre puede darle vergüenza ser pobre porque se siente inferior e impotente para encarar algunas actividades.
Pero en todos estos casos este sentimiento o emoción puede ser usado como trampolín para superar los momentos difíciles. Incluso el aceptar el ridículo ocasional y no buscado, puede ser el impulso que necesitamos para levantarnos.
La vergüenza bien administrada es un sentimiento o emoción que puede ser positiva y ayudarnos a ser personas valiosas si la sabemos manejar pero es como una planta frágil que adorna, da un aroma agradable y reconfortante pero es frágil y tenemos que cuidarla desde su nacimiento, en nosotros y en los otros.
El clamor ya no es individual, ha pasado a ser colectivo pero los mentirosos parecerían que además son sordos. Pero,… ¿conoce usted ese viejo refrán que dice: "A cada chancho le llega su San Martín"?





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