Solo, a la intemperie, Evaristo agoniza en la montaña.
En la soledad de la montaña, Evaristo reflexiona sobre el destino de sus aves mientras su vida se apaga. En Curicó, sus coloridos trinos aún resuenan.

Solo, a la intemperie, Evaristo agoniza en la montaña.
¿Quién limpiará las jaulas? ¿Quién cambiará el agua y dará de comer a sus joyas emplumadas? Piensa Evaristo, agonizando en la montaña.
En Curicó todos, alguna vez, le compraron jaulas con aves de plumas multicolores que alegraban amaneceres y siestas a puro trino y silbido.
¡Atardece! Evaristo ha muerto en la montaña.
Desde otro plano, observa como los buitres descuartizan su cadáver. Ahora sabe que hay una consciencia común entre los pájaros.
Antes de irse, pregunta si se trata de una venganza o de una respuesta. Alguien, que todavía no recuerda, le contesta que todo es circular.
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