I
El escenario político argentino se asemeja a una tragicomedia, con figuras como Javier Milei y sus rivales, entre la locura y la corrupción desenfrenada. ¿Quién ganará? El tiempo lo dirá, mientras el país observa expectante los movimientos de sus líderes más extravagantes y cuestionados.

I
Javier Milei es sabedor de que la posibilidad más segura de ganar el año que viene la otorgaría una candidatura de Axel Kicillof o, de ser posible, de Ricardo Quintela, el bizarro heredero del "Tigre de los Llanos" y la "Comadreja de Anillaco".
Pero volvamos a Javier. Hombre de inspiraciones fanáticas y tanáticas, está convencido de su destino y de la fidelidad de la estrella que guía sus pasos y los de su sigilosa hermanita.
Si hoy le preguntaran, seguro que contestaría, con ese desenfado adquirido vaya uno a saber en qué entreveros de taitas duchos en el arte de embaucar, que gana en primera vuelta y "de orejita parada", cuando a muchos le asiste la sospecha de que con suerte y viento a favor puede ganar en segunda vuelta; siempre y cuando, insisto con machaconería, que sus rivales sean los K químicamente puros.
Después están los imponderables, lo que se conoce como los avatares de las avatarerías. No hay oráculos y magos que sepan lo que puede urdir Mauricio Macri; tampoco se conoce consejo del príncipe que pueda poner límites a la codicia política de Patricia Bullrich o a los comadreos nacionalistas con cadencia castrense de la buena de Victoria Villarruel.
II
Tiempos propicios para las más diversas granujerías políticas. Juego abierto con truhanes decididos a todo salvo que la partida se interrumpa por un "tenga mano tallador", punto de partida para el inicio de un nuevo ciclo de floreos y gambetas. Una suerte de candonga a la cual los argentinos nos hemos habituado o resignado.
El gobierno no la tiene fácil pero a Milei lo que le sobra es confianza y amigos confianzudos con poder. Es loco, se hace el loco y en todos los casos los simulacros hasta ahora le salen bien. No le alcanza con sus holganzas en Argentina, se traslada a Brasil y arma la San Quintín en menos de que canta un gallo.
Hace lo de siempre: se trepa al escenario y de su boca brotan belicosos sapos y culebras contra el presidente de la nación. Travesuras de chico malcriado. Camorrea con el país al que más le compramos y vendemos. La excusa es la condición de comunista de Lula da Silva, votado presidente en tres ocasiones, y quien dice tres en estos menesteres puede decir cuatro.
Milei se regocija con el corso a contramano montado y supone que todas estas licencias benefician a Flávio Bolsonaro y a él. Lo supone o, probablemente, lo crea a pie juntillas, entre otras cosas porque hay motivos para maliciar que es lo que mejor sabe hacer, cuando no le resulta imposible hacer otra cosa. "Es mi naturaleza" balbucea. Y yo tengo ganas de creerle.
III
Esta semana los punteros más eficaces de Milei se llaman Ricardo Quintela y Agustín Rossi. Por ese rumbo, el camino de Milei a la reelección está alfombrado. Opciones de hierro (o de hojalata). Votamos por el loco o por los malandras. Esa pareciera ser la opción que a muchos mañosos les gusta imponer: opción farandulera, trágica y canfinflera.
Ni el loco es tan loco ni los malandras lucen un exclusivo uniforme. Además, a veces no se sabe muy bien dónde están posicionados los locos y dónde los malandras. Su performance en Brasil, reforzada con sus palanganeos en la Sociedad Rural contra el tierno de José de Mendiguren nos ha permitido recuperar al Milei más genuino.
El presidente justifica sus ladridos a la luna carioca invocando las simpatías de Lula con Sergio Massa. Es verdad que Lula no solo expresó sus afectos por el embaucador de Tigre, sino que además le facilitó asesores y unas cuantas rupias y chelines. Pero no es menos cierto que el reconocido burlador del peronismo renovador puso plata para Milei y le "emprestó" fiscales, punteros y candidatos.
Se dice que los encastados políticos susurran con impecables modales. Susurran y mienten. Por el contrario, Milei, con sus modales de mastín insaciable, encarnaría la verdad absoluta. Gritar, agraviar, insultar serían sinónimos de sinceridad, de recursos expresivos dignos de bendecidos apóstoles. De todas formas, la realidad no parece compadecerse con estos contoneos verbales.
Fueron aullidos en ese tono los que en su momento calificaron a Patricia Bullrich de "Montonera asesina". Y a Diego Santilli de farsante y sinvergüenza. Conclusión: se puede mentir en voz baja, pero también se puede mentir a los alaridos.
Milei así nos enseña. Lo demás pertenece a los fandangos de las minucias verbales, de los floripondios sonoros y retóricos, y de las bravatas de tablón a los que el presidente se empecina a habituarnos
IV
Embarrados en esta "merienda de negros", al gobierno libertario no se le ocurre nada mejor que lanzar un proyecto de ley que, palabras más palabras menos, habilitaba a los extranjeros a comprar grandes propiedades de tierras. Así, por lo menos, presentó este proyecto en sociedad el kirchnerismo.
Gobierno enigmático. Después de la ordalía nacionalista del Mundial de Fútbol, con bandera de Malvinas flameando en la cancha, a los atávicos libertarios no se le ocurre nada mejor que promover un proyecto de ventas de tierras a extranjeros. O sea, según la singular gramática kirchnerista y de la izquierda: venta de la patria a la extranjería.
En la vida real nada fue como se presentaron estos entremeses, pero a la hora de los fuegos artificiales de las consignas, lo que parece presentarse como inminente evidencia es que el gobierno de Milei quería entregar potreros, praderas, baldíos, chacras, tambos, ríos, lagunas, zanjas y arroyos a los voraces e insaciables imperialistas.
El gobierno podría haber advertido que el propietario más fuerte de tierras en la Patagonia es Lázaro Báez y no los "oligarcas" de Silicon Valley.
Y a la hora irredenta de la defensa de la tierra, no hay que olvidar que el gobierno K entregó en Neuquén unas modestas doscientas hectáreas a los chinos, con beneficios, ventajas y eximición de responsabilidades que hubieran provocado el asombro de los flemáticos inversores de La Forestal.
V
La derecha a veces se extravía, pero el populismo criollo también se extravió con sus galanuras y guaranguerías que lo distinguen. Toda tela para zurcir con contoneos y quebradas.
En todos los casos, los atolondramientos de la derecha, las miserabilidades del populismo, no alcanzan a lustrarle los zapatos a los extravíos alienados y anacrónicos de una izquierda trotskista que ha reducido la política al espasmo de estar en contra de todo, sin preocuparse demasiado a favor de qué están.
La hidalguía revolucionaria que relampagueó en el siglo XX, las luces que iluminaron el pensamiento y calentaron los corazones, las causas que se confundieron con grandes utopías, hombres nuevos y paraíso en la tierras, enlodados en raudas simplificaciones políticas, anacronismos intelectuales y maullidos de gatos escaldados en tejados de zinc caliente.
Creer con fe de penitente. Bueno, si esta Argentina fue capaz de votar a Javier Milei, muy bien podría considerar, a través de un turbio proceso de contradicciones dialécticas nacidas de los atavismos del "desarrollo desigual y combinado", que Myriam Bregman puede ser el voto que los argentinos nos merecemos.
Un triste balance. La otrora esperanza de la humanidad reducida a gavillas de hippies famélicos, recua atolondrada de adoradores de Hamás, ancianos algo chiflados y personajes grotescos salidos de alguna pesadilla de Francisco de Goya… todos detrás de una heroína que seguramente no hubiera elegido Eugene Delacroix.





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