Pero se puede ampliar esa conclusión, y no les va a parecer descabellado: de los $ 372 por kilogramo, la cría representa el 29% ($ 108,08), el feedlot el 23% ($ 83,91), el frigorífico el 5% ($ 18,09), la carnicería el 14% ($ 53,26) y los impuestos el 29% ($ 108,55). Desagregado de este modo, del precio final de la carne que usted observa en la pizarra y pone en duda si satisface o no su propósito gastronómico, los costos de la cadena representan $ 251,50. Los impuestos sumaron $ 108,55, pero de esos impuestos, el 76% son nacionales (impuesto a las ganancias, IVA, e impuesto a los créditos y débitos), 19% provinciales (inmobiliario rural, ingresos brutos) y 5% municipales (impuesto a la industria y comercio y tasa vial). Para que se entienda: a lo largo de la cadena, la etapa de la cría es la que más impuestos paga, seguido por el consumidor. Los mayores costos en las distintas etapas son: en el feedlot y en el frigorífico el animal, y en la carnicería la media res. Si no se convenció que, como en otros productos de su canasta, no se paga solo la alimentación ni el empleado ni la logística hasta que la media res llega a la carnicería, le dejo otros datos: según el informe de referencia, en agosto, por un ternero se pagó un precio promedio de $ 141,33 el kg. de animal vivo, equivalente a $ 148,50 el kg. de carne al mostrador. En la siguiente etapa, el precio promedio de venta del novillo al frigorífico ya fue de $ 109,50 por kilo de animal en pie. Luego, el frigorífico vendió el kilo de carne al gancho a $ 202,72 y, finalmente, la carnicería, tuvo un precio de $ 336,55 el kg. Si le añadimos el IVA (en este caso el 10,5%), tendremos claro por qué el consumidor final pagó en promedio $ 372 el kilo de carne. Dicho de otra manera, en el precio final del kilo de carne, los impuestos explican casi el 30% de su valor, repartiéndose el 70% restante entre los diferentes eslabones de la cadena cárnica.