La mañana comenzaba a templarse con los rayos de sol que se filtraban a través de los cipreses, cuando un sonido suave y persistente interrumpió mis pensamientos. Mientras restauro las paredes exteriores de mí casa con una mezcla de arena, arcilla y tierra, suelo ir analizando circunstancias del pasado, armando historias ficticias o conformando algunos versos. Meter las manos en el barro y construir puede ser una tarea terapéutica incluso inspiradora. Por eso la continuidad de ese ruido tenue me hacía perder la concentración, y definitivamente molestaba.



































