Cuando se denuncia la circulación de un paquete masivo de información personal atribuida a múltiples fuentes públicas y privadas, el problema no es si hubo hackeo en un organismo determinado, sino que para una parte relevante de la ciudadanía la identidad se volvió explotable. Eso rompe algo mucho más valioso que una contraseña: rompe la percepción de control.




































