Desde joven, en la educación que recibimos, lo primero que nos enseñaron nuestros docentes fue que "nuestros derechos terminan donde comienzan los del otro". Es decir que mi derecho termina donde empieza el de la otra persona. Pasan los años y nos damos cuenta que esto no se respeta. El pueblo, según lo que manifiestan quienes dicen representarlos a través de diversas entidades de la sociedad -distintos movimientos sociales, gremios, subgrupos de esos grupos y cualquiera que diga representarlos como ciudadanos que son-, puede obstaculizar el libre tránsito y el libre comercio (normas constitucionales ambas), o a otros ciudadanos que libremente transitan y comercian debido a sus necesidades diarias normales, pero tienen dificultades para hacerlo.

































