Tantas deudas pendientes. Tantos clásicos por leer. Para aliviar mi conciencia culposa, recurrí al volumen trece de una vieja colección de literatura contemporánea de Seix Barral, edición económica. Un tomo amarillento heredado como parte de la biblioteca materna. Títulos magníficos en libros con olor a viejo. “Hijo de hombre” (1960), por ejemplo, de Augusto Roa Bastos.


































