"Caminantes", segunda sección del libro (se aclara: la palabra "migrar" tiene la misma raíz que "caminar": wandern), ilustra el destino viajero de la lengua, cruces de idiomas a través de figuras literarias migrantes, sus andanzas aquí y allá, sus lenguas modeladas y remodeladas en la tarea diaria de plasmar una escritura, compañeros de ruta, ancestros literarios: Juana Manuela Gorriti, primera novelista argentina y fundadora de la novela peruana, llevó al límite la marca del viaje; W.G. Sebald vivió la mayor parte de su vida en Londres pero escribió en alemán, su lengua de origen; José María Arguedas con su español intervenido por el quechua, primera lengua que aprendió; o Flora Tristán, nacida en París y emigrada a Perú, con sus libros en lengua francesa. También Helena Araújo ‒pionera de la literatura escrita por mujeres latinoamericanas‒, colombiana que vivió cuarenta años en Lausana y eligió escribir en español. Herta Müller, hija de una minoría alemana en Rumania, su alemán contaminado, diferente, una suerte de lengua recuperada. Compendio de letras que irradiaron perturbadas, en permanente tránsito.