Sin embargo, desde una perspectiva íntima, es probable que esa suerte de "capitis diminutio" de origen, se relacione con sus afanes exhibicionistas, claramente observables en la monumentalidad y singularidad de diversos edificios construidos durante los años que portó la corona sobre su cabeza. El más notorio de ellos es la iglesia y convento de los Jerónimos, complejo arquitectónico erigido en el barrio lisboeta de Belén, frente al estuario del río Tajo. El complejo suma a su condición religiosa, su carácter de Panteón nacional. Basta saber que contiene el sepulcro del rey Manuel, y dos tumbas simétricas que, próximas al portal de ingreso a la iglesia, bajo el coro, al fondo de cada una de las naves laterales, alojan los restos de dos glorias, a la vez lusitanas y universales. Una recuerda a la figura de Vasco da Gama (1469 – 1524), primer navegante portugués en arribar a la India, luego de navegar al sur del Cabo Bojador (norte de África), doblar, en el Atlántico sur, el Cabo de las Tormentas (luego, de Buena Esperanza) y llegar hasta Asia Central a través del océano Índico. La otra corresponde a Luis de Camoens (1526 – 1579), quien en su poema épico "Os Lusíadas" (Los hijos de Luso, mítico conquistador de Lusitania/Portugal) evoca el tan extraordinario como accidentado viaje de descubrimientos geográficos y etnográficos de Vasco hasta su arribo a la costa suroeste de la India.