Cuando Thomsen y su banda se rieron en medio del juicio por la muerte de Fernando, el mediático abogado Burlando los calificó de "reverendos hijos de puta". Preocupadas por limpiar su imagen, las madres de los acusados recogieron el guante. La de Enzo Comelli se excusó: "Quería decirle al señor Burlando que yo no soy ninguna puta. Hace tres años que esperé este momento. Yo necesito decirlo. Quiero aclararle que yo trabajaba, no era ninguna puta". También se defendió la de Blas Cinalli: "Me ha llamado puta al decirle hijo de puta a mi hijo. Y eso corona una serie de hechos desgraciados que han nacido el 18 de enero de 2020. Estaba terminando quinto año. Estaba atrasado porque había repetido un par de veces. Jugaba al rugby. Estudiante, deportista y amiguero. Me vino con la propuesta de irse a Gesell. Fue la primera vez que no fui con él". A primera vista, parece que espanta más ser vinculada con la prostitución que ser la progenitora de un acusado de asesinato. Para mí, este exabrupto pone el ojo sobre la educación de estos jóvenes en el seno familiar, la primera escuela. A continuación, ensayo algunas cavilaciones erráticas.




































